Pulso, publicado el 18 de octubre de 2018.


De los países de la Ocde , Chile cuenta con los índices más bajos de inversión en I+D: 0,4% del PIB. Por ello, tampoco deja de sorprender la baja inserción de capital humano avanzado al sector industrial.

Según datos de la misma OCDE, los países tienen en promedio ocho investigadores por cada 1.000 trabajadores, mientras que en Chile sólo hay uno. Por otra parte, encuestas realizadas por la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrados (ANIP) dan cuenta de que sólo el 5% de los empleados trabaja en la industria, cifra muy por debajo de los países de la OCDE (70%).

Por otra parte, encuestas realizadas por la Asociación Nacional de Investigadores de Postgrados (ANIP) dan cuenta de que sólo el 5% de los empleados trabaja en la industria, cifra muy por debajo de los países de la OCDE (70%).

Tampoco sorprende el desconocimiento sobre el financiamiento que ofrece el gobierno a través del Programa Atracción e Inserción de Capital Humano Avanzado (PAI) a proyectos en empresas que cuentan con un investigador.

En el ámbito universitario, cerca de 1.000 alumnos reciben al año becas para realizar doctorados en Chile y extranjero, las que se otorgan, precisamente, para incorporar nuevos conocimientos en la industria local. ¿Qué pasará con estos futuros doctores cuando terminen sus estudios? ¿A qué se debe la escasa inserción laboral de capital humano avanzado?

Una de las razones podría ser que en Chile aún existe esa imagen del investigador como un “genio loco”. Aún existe el prejuicio respecto a que los conocimientos de un doctor son “pura teoría” y no se pueden aplicar al mundo real. Sin embargo, el conocimiento académico tiene un enorme potencial -casi desconocido en la industria- que ofrece soluciones reales y concretas.

En el área de la ingeniería civil industrial, por ejemplo, hay modelos matemáticos que permiten mejorar la eficiencia en la cadena de suministro en el retail, o extraer recursos naturales de manera más económica y sustentable en la minería o la industria forestal.

Existen métodos estadísticos para estimar demandas o caracterizar clientes, que permiten aumentar los ingresos y mejorar servicios. Se disponen de herramientas matemáticas que permiten diseñar mejores estrategias de inversión o mejores políticas en cobertura de riesgo.

Además, existe evidencia de un mayor vínculo entre la academia y la industria en otras economías. Por ejemplo, la prestigiosa revista académica “Interfaces”, publicada por el Institute for Operations Research and the Management Sciences (INFORMS), publica metodologías relacionadas con las ciencias de la gestión que ya han sido implementadas a una empresa en particular.

Hay corporaciones que exigen el grado de doctor para postular a ciertos cargos. Compañías como Google o Facebook cuentan con un 15% de doctores en sus filas. Otro caso destacado es el de la administradora de capital “Renaissance Technologies”, donde científicos desarrollan exitosas estrategias de inversiones financieras.

El desconocimiento o desinterés que tienen en nuestro país los gobiernos corporativos de las empresas respecto a la incorporación de investigadores a la industria, es un reflejo de lo mucho que queda por avanzar en este tema.

También es un reflejo de la brecha competitiva de nuestro mercado, ya que incorporar capital humano avanzado es actualmente una necesidad, más que una opción. No tomar en cuenta esta desventaja nos aleja del camino hacia el desarrollo productivo y económico que demanda un mundo cada vez más globalizado y complejo.