Revista Electroindustria, publicado el jueves 15 de junio de 2017.


A comienzos de abril se lanzó el proyecto “Integración de tecnología termosolar en la industria metalúrgica chilena para mejorar sus ventajas competitivas”, iniciativa que lleva a cabo la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, con el apoyo de Corfo y su Programa Energía Solar. La instancia, que congregó al mundo académico y a la industria, fue una oportunidad para dar a conocer el potencial de esta iniciativa público privada cuyo objetivo es la incorporación de los procesos térmicos (es decir, todos aquellos que reciban o entreguen calor) a la metalurgia.

El proyecto ya ha avanzado en la identificación de varios de estos procesos, los que tienen la ventaja de reemplazar los combustibles fósiles por la energía limpia del sol, un recurso abundante y poderoso en nuestro país. Pero aún queda mucho por hacer. La meta es impulsar a gran escala la industria metalúrgica, mejorando su eficiencia energética, reduciendo su impacto ambiental y sus costos de operación, en un contexto donde esta necesita renovar e innovar sus procesos para ser más competitiva ante la demanda de productos y sub-productos que no contaminen el medioambiente. Impulsar la industria metalúrgica-metalmecánica permitirá encaminar a Chile hacia el desarrollo de un país que agrega valor a sus materias primas.

Un país de “riqueza solar”

Actualmente hay un gran interés de la industria minera y metalúrgica por incorporar energías renovables en sus procesos. Chile es históricamente un país minero y metalúrgico y, debido a que sus procesos no han tenido grandes cambios, hoy su riqueza solar representa una oportunidad para actualizarlos y hacerlos más productivos ante los nuevos desafíos del siglo XXI.

Entre las ventajas, destaca que la tecnología termosolar opera 24/7, lo que significa que actualmente es posible almacenar la energía del sol mediante fluidos térmicos, como sales, agua o aceite, que permiten el funcionamiento de una planta o industria metalúrgica durante varios días (una ventaja con la que no cuentan los paneles fotovoltaicos que solo pueden funcionar de día). De este modo, se asegura el suministro de entrega de energía o calor (condición que no tiene el petróleo o el gas que deben ser importados desde otros países, además de almacenarse y transportarse).

Hablar de integración en tecnología termosolar no implica el desarrollo de nuevas tecnologías ni procesos arduos de investigación. Estas innovaciones ya han sido probadas y aplicadas con buenos resultados y desde hace varios años en España, Estados Unidos y Australia, así como en países de África y Asia. En este contexto, la apuesta es hacia una transferencia tecnológica que pretende poner a disposición de la industria metalúrgica -metalmecánica y extractiva- tecnologías que ya están disponibles en el mercado.

En los países en que están operando, se ha visto una tercera ventaja, además de lo anteriormente expuesto: desarrollan el mercado local. En países como Sudáfrica, el gobierno ha impuesto ciertos requisitos al otorgar licitaciones para que la tecnología no solo venga desde afuera y se vaya cuando acabe el proyecto. En cambio, han visto, en los pocos años que llevan instalándose, un desarrollo de más del 40%, que es precisamente lo que se quiere para Chile: más desarrollo local, que la ciencia y tecnología sean generadores de industria y empleos.

Chile se destaca por sus sismos, por lo que tiene excelentes ingenieros sísmicos. Ya es vox populi que también tiene la mejor radiación solar del mundo, y por esto, es momento de que tengamos muchos más ingenieros, científicos y técnicos especializados en energía termosolar. Estamos convencidos de que este es el futuro para Chile, que tiene cualidades únicas en el norte: sol y sales de nitrato. En la industria minera han reconocido estas ventajas competitivas y hoy hay dos proyectos integrados con energía termosolar, pero sabemos que puede y debe ser mucho más.

Hoy podemos comenzar a impulsar la industria metalúrgica mejorando su eficiencia energética, reduciendo los costos operacionales y mitigando el impacto ambiental. Esto es posible y es una oportunidad para la industria metalúrgica para mejorar sus procesos y hacerlos más competitivos. Tenemos las capacidades para hacerlo, solo debemos integrar, aunar fuerzas y continuar trabajando.