Pulso, publicado el 11 de julio de 2018.


La discusión actual sobre la equidad de género en Chile es una oportunidad para avanzar en el debate sobre las distintas dimensiones en las que aún existen brechas. Desafíos como eliminar las diferencias salariales y abordar la escasa participación femenina en directorios de empresas, son temas que hoy se han posicionado en la agenda.

Pero, históricamente, estas diferencias también se observan en las áreas de la ciencia, la tecnología y la innovación, además del emprendimiento por oportunidad. En más de un siglo, solo 17 mujeres en el mundo (3%) han sido galardonadas con el Premio Nobel en Ciencias.

Por otra parte, un estudio reciente realizado por el BID indica que en Chile la participación de mujeres en la planta académica asociada a las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y medicina (STEM por sus siglas en inglés) se ubica entre 25% y 30%. El mismo informe señala que la proporción de mujeres que se desempeña en ocupaciones de ciencia y tecnología alcanzó a 36% en 2015.

La poca participación de las mujeres en estas áreas representa un costo económico para el país, dado el rezago en ciencia, tecnología e innovación (CTI) que caracteriza a Chile, que en 2016 invirtió solo 0,37% del PIB en I+D, muy lejos del 2,38% que gastan los países de la Ocde. La CTI es un factor determinante de nuestra baja productividad, lo que pone en jaque las expectativas de alcanzar tasas de crecimiento sostenidas en el largo plazo. Potenciar mayores niveles de innovación empresarial es, por tanto, fundamental para nuestro futuro económico.

Por ello, la justificación para aumentar la participación de mujeres en CTI va más allá de los válidos argumentos de justicia y equidad: las brechas de género constituyen, además, un costo económico para la sociedad. Este enfoque de talento perdido, de costos o de potenciales ganancias desaprovechadas, se ha ido instalando paulatinamente en el sector empresarial.

Un ejemplo, es el compromiso que BHP Billiton asumió en 2016 para alcanzar el balance de género en su planta de trabajadores hacia el año 2025. La motivación detrás de esta iniciativa tuvo que ver con factores económicos ya que se consideró que la poca diversidad de sus equipos, en términos de balance de género, le estaba generando un costo de billones de dólares a la empresa.

A pesar de iniciativas como ésta, nuestro país sigue enfrentando el gran desafío de incorporar a más mujeres en carreras STEM, asegurando una trayectoria académica libre del contraproducente techo de cristal. También debemos seguir potenciando el desarrollo de una masa crítica de mujeres empresarias que renueve el panorama del emprendimiento tecnológico.

Necesitamos más mujeres científicas e ingenieras innovando en las empresas y más mujeres liderando la definición de agendas de investigación, de manera tal que permitan abordar temas que, siendo relevantes, no han recibido la atención y financiamiento que se merecen.

Necesitamos más mujeres en CTI que se transformen en modelos de rol para nuestras niñas y así contribuyan a romper los estereotipos que tanto daño le hacen a las nuevas generaciones. Solo así el debate que tanta atención ha acaparado en los últimos meses será una oportunidad para entender y dimensionar lo que estamos perdiendo por desperdiciar el talento y la creatividad femenina.