El Mercurio de Valparaíso, publicado el martes 14 de marzo de 2017.

Con motivo de la celebración del día de la mujer, los diputados Boris y Jackson presentaron lo que la prensa calificó como un “revolucionario” proyecto en pos de la equidad de género. Inmediatamente las diputadas Vallejo y Cariola hicieron ver que ellas habían presentado varios proyectos en la misma línea sin que por ello tuvieran la misma reacción mediática. “Curioso… sólo es ‘revolucionario’ si presentan lo mismo dos hombres”, afirmó Cariola por Twitter.

Algunos podrán opinar que Vallejo y Cariola están enfocándose más en la forma que en el fondo. Si fuera éste un hecho aislado, sin mayor trasfondo, efectivamente el contenido del proyecto es más importante que la forma en la que llegue a ser tramitado. Sin embargo, en este hecho hay otro fondo tan importante como el contenido del proyecto en términos de equidad de género: este es un ejemplo más, de muchos y de larga data, de la “invisibilización” de la mujer y sus logros.

Circula en Internet un video donde les preguntan a niñas escolares por inventores o científicos. Las niñas son capaces de nombrar muchos nombres masculinos. Sin embargo, cuando se les pregunta por inventoras las niñas quedan en blanco. Son niñas con interés en ciencias y por la expresión de sus rostros se puede deducir que esta verificación las descoloca. Luego, se les muestra una recopilación de ejemplos de científicas e inventoras que han contribuido a la ciencia. Nombres que no aparecen en los libros clásicos de ciencias. La mirada de las niñas se ilumina. sienten una identificación que les entrega un orgullo compartido que será el combustible para avanzar en un área que pueden reconocer como propia.

La “invisibilización” femenina no es propia de las ciencias, ocurre en todas las áreas: más de la mitad de arte suprestre habría sido hecho por mujeres; la autoría de Frankenstein se le adjudicó al marido de la Mary Shelley porque escribió el prólogo; el juego de Monopoly fue creado por Elizabeth Magie, pero el crédito lo tuvo por muchos años Charles Darrow; la pintora Margaret Keane fue ignorada luego de demostrar que era ella, y no su marido, la autora de las pinturas de los niños de ojos grandes. En fin, los ejemplos abundan.

Si queremos que nuestra sociedad avance con igualdad de oportunidades para todos, es fundamental que a cada cual se le reconozca su contribución. Independientemente del género. Sólo así podremos aprovechar los talentos de todos, por el bien de todos.