La Tercera, publicado el 08 de mayo de 2017.

Señor director,

La sismicidad en Chile encuentra una satisfactoria respuesta de su infraestructura sismo resistente debido a su ingeniería y normativas de construcción, posicionándonos como referentes a nivel mundial en este sentido. Sin embargo, este avance no ha sido el mismo en cuanto a la cultura sísmica de la ciudadanía. Llama la atención el precario nivel de educación y preparación  que tiene nuestra población ante sismos. El chileno promedio no tiene un kit de emergencia, no tiene sus muebles anclados a los muros para que no se vuelquen, no sabe donde refugiarse –arrancar corriendo representa un gran peligro–, y desconoce que ante un sismo severo su vivienda no debería colapsar. En general, tampoco saben que ante una magnitud de grado 7 y poca profundidad, un sismo puede ser mucho más destructivo que uno más intenso y de mayor profundidad. En países sísmicos, como Japón y EE.UU. la ciudadanía está mejor educada y preparada. Los kits de emergencia son comunes, los muebles vienen de fábrica con cables de anclajes, la gente se cubre bajo mesas rígidas ya que reconocen que es más probable que un objeto les caiga en la cabeza a que el edificio colapse.

Los medios de comunicación, por su parte, no colaboran, entregando información errónea sobre dónde o cómo refugiarse. Algunos incluso  dan tribuna a personas inescrupulosas que se adjudican la facultad de “predecir” sismos, algo que la comunidad científica ha señalado como imposible. Lamentablemente no vimos a ninguno de estos medios cubriendo la Conferencia Mundial de Ingeniería Sísmica realizada en Chile en enero pasado. Debemos reeducarnos como sociedad y cuestionar a los medios que dan tribuna a los que opinan sin fundamentos científicos.  Asimismo, debemos brindar educación sísmica en las escuelas para enfrentar de mejor manera estos desastres, desde un principio.