La Tercera, publicado el 30 de marzo de 2017.

Las competencias básicas de los ingenieros civiles son el diseño, la construcción y mantención de estructuras y edificios que permiten el desarrollo de nuestra sociedad. Esto incluye el estudio y prevención de desastres naturales de diverso tipo. Debido a la historia sismológica de nuestro país, es común que se discutan aquellos temas relacionados con el impacto de los terremotos. Podemos incluso decir que Chile está a la vanguardia y es referente internacional en prevención de daños frente a sismos. Sin embargo, otros tipos de desastres naturales como tormentas, deslizamientos, aluviones e inundaciones han ido quedando relegados del debate público. Adicionalmente, el cambio climático ha contribuido a una mayor incidencia de estos fenómenos en Chile. Hace poco vimos cómo los aluviones y las crecidas de ríos en varias localidades de las regiones Metropolitana, Valparaíso, O’Higgins y al norte del país, provocaron la pérdida de vidas humanas ante la impotencia de los ciudadanos que no están preparados para estas emergencias. 

A diferencia de Chile, en muchos países se ha declarado que estos fenómenos son riesgos inaceptables y que por lo tanto deben ser mitigados a través de la generación de agencias, proyectos o ambientes con estándares de seguridad apropiados como por ejemplo: La Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), la Agencia Ambiental Europea (EEA) o el Centro para Estudios en Australia, Nueva Zelanda y el Pacifico. Pero esto no es una tarea fácil.  Aumentar los estándares de seguridad implica costos que países como el nuestro no pueden solventar. Por otra parte, bajos estándares en seguridad ponen en constante riesgo a los ciudadanos y generan pérdidas económicas como hemos visto en el último tiempo.

Para avanzar en estos temas, es necesario que el gobierno considere el estudio de estos “otros” desastres naturales, fomentando el análisis global de este tipo de fenómenos desde las universidades y con la participación expertos e impulsar medidas de mitigación, estabilización y monitoreo de taludes cordilleranos.  Esta es una inversión que en el mediano y largo plazo debería generar una clara disminución de los riesgos que hoy vemos en diversas épocas del año y que son gatillados por lluvias cortas, pero intensas, o lluvias más débiles, pero prolongadas.

Por otra parte, estudios del Banco Mundial en conjunto con el US Geological Survey (USGS) han establecido que existe una relación de 5 a 1 entre costo/beneficio tras haber implementado medidas de reducción de riesgos por desastres en la década de los 90. Esto, sin considerar la disminución de pérdida de vidas humanas. En este sentido, el Servicio Geológico de Estados Unidos es un modelo a seguir por sus programas de información al público y estudios de los distintos tipos de deslizamientos y la mitigación de sus efectos. Otro ejemplo es Hong Kong donde –al igual que en Chile- cada vez se construye más cerca de terrenos con pendiente lo que, sumado a las lluvias, ha ido aumentado el riesgo de deslizamientos. Sin embargo, Hong Kong cuenta desde hace décadas con una oficina de geotecnia encargada que cada año realiza estudios de estabilidad y mitigación en aquellos sectores poco seguros o donde existe peligro inminente. Ello ha contribuido a disminuir la tasa de fatalidad por deslizamientos desde el año 1977, mantener taludes con estándares de seguridad apropiados, e incluso ayudar a crear soluciones visualmente agradables y ecológicas para el sostenimiento de taludes.

En Chile esta función recae en el Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN), organismo que utiliza gran parte de sus recursos en la fiscalización del adecuado desarrollo de proyectos mineros en el país. Es importante, por lo tanto, que el gobierno otorgue nuevos recursos a este servicio u otra oficina técnica que pueda tener un rol más preponderante en el estudio de riesgos asociados a desastres naturales y una mayor influencia en el control de riesgos asociados. Solo así se podrá desarrollar proyectos que disminuyan las consecuencias de estos “otros” desastres tal y como ya se ha hecho con bastante muy resultados en la ingeniería sísmica.