Ciudades Inteligentes: Nos estamos rezagando

30/08/2019

Diario Financiero, publicado el jueves 29 de agosto de 2019.


El desarrollo del internet de la cosas y el procesamiento de datos de miles de sensores, permite capturar valor de los activos de la ciudad y gestionar y monitorear servicios fundamentales con el potencial de aumentar drásticamente la calidad de vida de los ciudadanos y la eficiencia de la actividades productivas. El acceso a capacidades tecnológicas, buena calidad de vida y servicios altamente productivos en las ciudades, son importantes para atraer talento e inversión sofisticada. Esto, sin duda, permitirá desarrollar la nueva economía de servicios tecnológicos de la cuarta revolución industrial y mejorar la eficiencia de los servicios tradicionales.

Un estudio de la consultora Mckinsey evalúa bien a Santiago en el contexto Latinoamericano (*). En aplicaciones somos los primeros debido a los esfuerzos realizados, hace más de una década, en los sistemas de transporte con el uso de tag en las autopistas y el desarrollo de un sistema de cobro integrado en el transporte público. También influyen los avances digitales en el área de atención a la salud y la calidad de los servicios de utilidad pública. Sin embargo, en términos de capacidades tecnológicas Santiago es tercero en América Latina y está lejos lejos de los líderes mundiales en esta materia. En este ámbito Santiago tiene un índice de 10,4 mientras que las mejores ciudades de Europa, Asia y América del Norte, tienen índices entre 15 y 25.

Las ciudades inteligentes poseen portales abiertos de datos públicos de los cuales carecemos en Chile. En ellas está mucho más extendido el uso de sensores y la calidad de la telecomunicación para el internet de las cosas es muy superior. Gran parte de estas ventajas han sido el resultado de una política pública clara con enfoque de cuádruple hélice que no sólo incorpora al Estado, sino también a la industria, la academia y la sociedad civil.

En nuestro país debemos priorizar el desarrollo de las bases tecnológicas digitales y la institucionalidad para facilitar la incorporación de múltiples aplicaciones de ciudades inteligentes públicas y privadas.

El desarrollo de ancho de banda, con sistemas de comunicación de baja latencia necesarios para las aplicaciones más complejas y sofisticadas, requiere de la instalación de tecnología 5G. Para ello hay dos factores críticos: acceso a la frecuencia radioeléctrica -donde estamos entrampados-, y una red de fibra óptica, al menos a puntos de presencia (POP) distribuidos en las ciudades de manera adecuada.

Desde la aprobación legal de concesiones de servicios intermedio de infraestructura en 2012, está pendiente la implementación de una red segmentada de fibra óptica a la esquina, desintegrada verticalmente, con competencia por la última milla y servicios de valor agregado.

Por otra parte, en aplicaciones de alta latencia, desde 2015 se encuentra pendiente la aprobación del estándar IPV6 para que los municipios puedan implementar sistemas de comunicación como luminarias publicas Led en las ciudades, medidores inteligentes, control de contaminación, estacionamientos y control de basura inteligente y sensores de ruido, entre otras. El desarrollo de los bienes públicos para las smart cities sigue siendo el principal obstáculo. En definitiva, el problema es la fragmentación del Estado y la falta de liderazgos transformadores.

(*) “Smart Cities: Digital solutions for a more livable Future” Mckinsey 2018

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