Puente Cau Cau

01/05/2016

 

La Tercera, publicado el 1 de mayo de 2016.


 

Señor director:

Prometía ser una obra emblemática de la ingeniería en Chile: el primer puente basculante del país que uniría las localidades de Las Ánimas e Isla Teja, tras más de 20 años.

¿Qué pasó? Una cadena de episodios desafortunados y errores técnicos y de gestión. Un falso topógrafo; fallas en el  sistema oleohidráulico de alzamiento de los brazos; paralización de las obras y término anticipado del contrato por parte del Ministerio de Obras Públicas (MOP) a la empresa constructora española Azvi; un informe de ingeniería forense reportando dudas respecto a la pertinencia del diseño original; mayor peso del puente debido al recrecido por láminas de acero; falta de trazabilidad del acero utilizado -esto es, que no se tiene certeza de dónde viene ni qué resistencia tiene-, entre otros. Las acusaciones cruzadas  entre el  Ministerio y las empresas Azvi y Zañartu, con muy poca autocrítica,  tampoco ayudan.

Al analizar la seguidilla de acontecimientos  no es descabellada la decisión de demoler. Probablemente es la alternativa más sensata en un proyecto de ingeniería que ha tenido cuestionamientos desde su diseño, tremendos errores durante su construcción y fiscalización,  y donde ni siquiera hay certeza del  tipo de materiales que se usaron.

Los proyectos de ingeniería civil pueden tener algunos errores,  que pueden ser aceptados si son menores, o reparados con intervenciones acotadas, pero lo que ha pasado con el Cau Cau no tiene justificación. Todo proyecto tiene complejidades, más cuando se trata de proyectos de los que no existía experiencia previa en Chile.  Por  ello es necesario un trabajo en conjunto, sistémico e integrado de los equipos encargados de las etapas de diseño, construcción y fiscalización.

Es de esperar que estos errores no se repitan en uno de los mayores desafíos de ingeniería que enfrentará el país: el puente Chacao.

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