Triple Hélix: Ingeniería para diseñar el 2030

05/07/2019

El Mercurio, publicado el jueves 4 de julio de 2019.


Hay ciertos momentos en la historia de la humanidad que marcan de manera profunda el desarrollo de la misma. Las consecuencias pueden ser vistas de manera inmediata o sólo en escalas de tiempo mucho más largas, por generaciones posteriores. Ejemplos de lo primero van, desde la decisión de colonizar un territorio, al resultado de una elección. En el segundo caso, la causalidad se enturbia y se hacen necesarias hipótesis, plausibles pero rara vez demostrables. Para un ingeniero y matemático, esto puede ser un dolor de cabeza y, al mismo tiempo, una maravillosa fuente de inspiración.

Por ejemplo, el férreo rechazo que los jesuitas mantuvieron al desarrollo del cálculo diferencial en los siglos XVII y XVIII influyó significativamente en la pérdida de competitividad científico-tecnológica que varios países católicos sufrieron en relación a sus pares protestantes. Tanto así, que algunos ven en este hecho el porqué la Revolución Industrial tuvo, posteriormente, sus orígenes en Inglaterra y no en España o en Italia, países que, sin embargo, dieron luz al Renacimiento, periodo que se caracterizó por irradiar conocimiento y prosperidad luego de las vicisitudes de la alta Edad Media.

La vida es dinámica y los equilibrios son sujetos a ser perturbados para llegar a nuevos escenarios,  como suelen decir súbitamente en algunos anuncios radiales: “los desempeños pasados no garantizan los futuros”. Cierto, pero sí pueden generan ventajas. Así, algunos países han ido tomando mejores decisiones que otros, aprovechando de mejor manera sus recursos, sobre todo sus recursos humanos.

Así lo ha hecho Suecia, por ejemplo. Un país que nos puede parecer lejano, pero que con sólo diez millones de habitantes ha sido capaz de crear corporaciones globales en áreas tan diversas como telecomunicaciones (Ericsson), automotriz (Volvo, Scandia), minería (Epiroc), robotización (ABB), retail (IKEA, H&M), farmecéutica (AstraZeneca), entre otras muchas. En una reciente visita a las ciudades suecas de Gotemburgo y Estocolmo fuimos testigos de cómo este país escandinavo ha logrado instaurar una cultura de emprendimiento e innovación colaborativa y virtuosa, entretejiendo startups y spinoffs que surgen de universidades y centros de investigación aplicada, para conectar con diversas industrias y dar real posibilidad a ciudades inteligentes y a una minería sustentable. Incluso han desarrollado los llamados “unicornios”: empresas de capitalización bursátil mayor a mil millones de dólares que todo el planeta utiliza como Spotify o Skype. Hoy, Suecia no es sólo el primer país en los rankings de equidad de género, lidera también de forma muy discreta, pero eficiente la innovación para el desarrollo sustentable, contribuyendo activamente a rediseñar el futuro del planeta y dar opciones frente al cambio climático.

¿Cuál es el secreto? No hay una receta clara, pero sí algunos elementos distintivos. Los más importantes: la confianza en el otro y el esfuerzo por cumplir con los compromisos adquiridos.

Todos sabemos que, para subsistir, las organizaciones deben actuar de forma sustentable con su entorno: clientes, proveedores, gobierno y comunidades. Pero esto no es posible sin la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema y sin darse cuenta de que no es posible mejorar si no hay apertura real a nuevas ideas y, por supuesto, si no hay una responsabilidad por tratar de cumplir aun cuando los resultados obtenidos no sean los esperados. Así, y  en semejanza con la estructura del ADN que define toda forma de vida, los suecos hablan constantemente de la triple hélix: la fundamental interrelación entre academia, industria y sociedad para el éxito del país.

En Chile, todavía falta avanzar en el desarrollo de las confianzas necesarias para una sociedad basada en la triple hélix, pero vamos en la dirección correcta. Gracias a la línea de apoyo de CORFO “Ingeniería para el 2030”, hemos reestructurado nuestras mallas para formar ingenieros competentes en 5 años; ejecutar un exitoso programa de pasantías en la industria para nuestros alumnos de pregrado; establecer lazos entre académicos y alumnos para trabajar junto a empresas nacionales y extranjeras por medio de emprendimientos de base tecnológica y generar programas de educación exitosos que abordan temas de interés nacional en Bioingeniería, Data Science y Minería.

Hoy, nuestro proyecto institucional busca “modificar genéticamente” a nuestros alumnos para que sean expresiones vivas de la triple hélix: ingenieros disruptivos, versátiles y creativos capaces de colaborar para genuinamente diseñar el futuro de generaciones venideras.

 

 

 

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