La Segunda, publicado el viernes 22 de febrero de 2019.


Por primera vez Chile fue incluido en el ranking Bloomberg de Innovación. Sin embargo, nuestro debut no fue muy auspicioso: ocupamos el puesto 58 de un total de 60 países, lo que nos sitúa  detrás de Brasil y Argentina. Este ranking considera como variables el esfuerzo de I&D; la productividad laboral; la importancia del sector de manufactura y alta tecnología; el enrolamiento de estudiantes en educación terciaria; la concentración de profesionales en investigación y patentes en relación al PIB.  De estos indicadores Chile tiene un desempeño acorde con su PIB per cápita,  solo en porcentaje de población joven en educación terciaria, ocupando el lugar 34. Pero nos llevamos los últimos puestos en intensidad de I&D y densidad de empresas de alta tecnología.  Nos golpea en este indicador, el que no se considere el clima de negocios, como sí lo hace el Índice Mundial de Innovación Global –WIPO 2018  que nos sitúa en el lugar 47, superando a todos los países latinoamericanos.  Bloomberg se enfoca en los aspectos claves de la cuarta revolución industrial, caracterizada por la ubicuidad digital y la convergencia del mundo físico y virtual con la consiguiente transformación de los modelos de negocios. Coherente con esta visión el World Economic Forum (WEF) modificó su indicador de Competitividad Global para incorporar los factores claves de la cuarta revolución industrial, y también nos deja mal parados (lugar 82) en cuanto a la capacidad de las empresas para incorporar tecnologías disruptivas.

El índice Bloomberg de innovación nos remece, porque nos indica que no estamos preparados para enfrentar las disrupciones tecnológicas que están ocurriendo en el mundo. Y, en este escenario, uno de los problemas de nuestro país es la preminencia del corto plazo. Esto atenta contra la inversión en I&D e innovación, como también lo hacen factores culturales: sanción desmedida al fracaso, existencia de organizaciones jerárquicas y centralizadas que no dejan espacio para la exploración y la innovación y el déficit de capital social que impide la colaboración.

Si queremos avanzar hacia el desarrollo en la próxima década,  con convergencia en el ingreso per cápita y generando un círculo virtuoso entre inversión en capital  humano y sofisticación del aparato productivo, deberemos poner la innovación en el centro de nuestras estrategias de negocios y de las políticas públicas pro crecimiento.