Diario Financiero, publicado jueves 18 de junio.


Debemos valorar el anuncio del  gobierno respecto a  generar los mecanismos necesarios de planificación quinquenal que permitan al país ser carbono neutral al año 2050; terminar con la generación de electricidad  de centrales a carbón al año 2040; y el acuerdo voluntario con cuatro empresas para retirar  ocho centrales a carbón que, actualmente, representan el 8% de la generación de electricidad y el 3% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Chile. Esta orientación estratégica no solo es coherente con los imperativos de enfrentar el cambio climático y los compromisos adquiridos por Chile en la COP21 (París, 2015), sino que puede ser un estímulo real a la transformación productiva verde que sofisticaría nuestras exportaciones.

El compromiso de diversos países de la OCDE para llegar a una sociedad carbono neutral entre 2030 y 2050 irá consolidando la aplicación de precios a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI),   ya sea como impuestos o mecanismos de transacción de emisiones. Los países que lideran estas iniciativas están incorporando evaluaciones de emisiones de GEI, ya sea con impuestos o mecanismos de transmisión de emisiones. Los países que lideran estas iniciativas están incorporando evaluaciones de GEI a lo largo del ciclo de vida de los productos. Así se penalizan las emisiones en la producción de insumos – nacionales o importados- creándose un mercado nuevo de productos diferenciados bajos en traza de carbono. Un ejemplo de esto es el reciente Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y Japón, que incluye por primera vez un artículo que promueve la cooperación y coordinación en aspectos de comercio para avanzar en las metas del acuerdo de París.

El crecimiento acelerado de la demanda por materiales con baja traza de carbono, por el crecimiento exponencial de la electo movilidad y la inversión en energías renovables, es una gran oportunidad para Chile. Tenemos uno de los principales distritos mineros metálicos del mundo, también recursos mineros que almacenan energía y la mejor radiación solar, triple singularidad que nos otorga la ventaja para satisfacer esta demanda e incluso agregar valor en los casos de productos intensivos en energía. Estas industrias usan electricidad y combustibles fósiles en sus procesos productivos. La reducción de los costos de las energías renovables, los sistemas de almacenamiento de energía eléctrica, la inversión en trasmisión y la reforma de sistema regulatorio eléctrico para gestionar la variabilidad de oferta y demanda, permitirán avanzar rápidamente en reducir los GEI asociados al abastecimiento eléctrico.

El desafío mayor está en la reducción del uso de combustibles fósiles en la industria y la minería. Hoy con la caída del costo del electrólisis y con el más bajo costo de energía fotovoltaica del mundo, podríamos ser líderes en hidrogeno verde, tanto par electrificar los combustibles y productos químicos de la industria de la minería, como para ser exportadores de combustibles y químicos solares. Se requiere una alianza publico privada de gran alcance para aprovechar esta oportunidad de generar una transmisión productiva sustentable, impensada solo cinco años atrás. El Instituto de Tecnologías Limpias, financiado con UU$200 millones del contrato CORDO-SQM, entrega el espacio para abordar este desafío de transformación sustentable minera e industrial, dando también un salto en competitividad global, urgente para recuperar el crecimiento de largo plazo.