El Mercurio, publicado el viernes 24 de mayo de 2019.


La reducción de gases de efecto invernadero (GEI) a los niveles que se requiere para evitar que la temperatura del planeta suba en más de 1,5 grados respecto a la era preindustrial, una tarea en la que el mundo se está embarcando, requiere abordar la sustitución del uso de combustibles fósiles en el transporte, la industria, la minería, la construcción y la agricultura. Los avances en la producción de energía eléctrica de fuentes renovables, de hecho, permitirían disminuir las emisiones provenientes de la generación eléctrica. Pero esto representa una parte del problema: sólo un 22% de la energía que se consume en Chile es en forma de electricidad. En diversas industrias, el uso directo de combustibles fósiles para movilidad, para generar calor o como materia prima para producir productos químicos, es la primera fuente de emisiones de GEI.

Así, la reducción del costo de la electricidad fotovoltaica y las extraordinarias condiciones de radiación solar que tiene Chile en el desierto de Atacama, abren la posibilidad de electrificar los combustibles y acotar la necesidad de almacenamiento que genera esta tecnología. El hidrógeno se ha utilizado desde el siglo XIX, producido a partir de agua mediante el proceso de electrólisis, que separa la molécula de agua en oxígeno  e hidrógeno y, en el siglo XX, a partir de combustibles fósiles, principalmente  el gas natural. Actualmente, la reducción de los costos de inversión del proceso de electrólisis  permite producir hidrógeno a partir de energías renovables, lo que abre la opción de producir combustibles y amoniaco cero emisión, llevándolo a una escala competitiva frente a la opción de continuar utilizando combustibles fósiles. No obstante, esta transformación productiva no ocurrirá en forma espontánea. Requiere acciones coordinadas del ámbito público y privado.

Respecto a las acciones para acelerar la descarbonizacón de la economía a través de la electrificación de los combustibles, en particular la opción de usar el hidrógeno como un portador de energía, el último informe del World Energy Council (WEC) destaca a Noruega como “líder”, a Australia como el “gigante” y a Chile como el “campeón escondido”. Noruega lidera la producción de hidrógeno con electricidad eólica e hidráulica gracias a una política pública orientada a resolver los desafíos que implica su uso interno y a la exportación de hidrógeno limpio, muy bien posicionado para el mercado europeo. Australia, en tanto, destaca como una enorme área disponible para desarrollar y exportar hidrógeno a partir de plantas fotovoltaicas. Chile, sin embargo, a pesar de registrar menores costos de producción a partir de energía fotovoltaica (un 15% menor que Australia) y contar con demandas internas para la sustitución de combustibles fósiles en sectores como la minería, no ha promovido el aprovechamiento de la energía solar fotovoltaica para la producción de combustibles sintéticos. Los potenciales compradores tampoco han reconocido el potencial exportador de Chile en este mercado.

El hidrógeno verde ha sido durante dos décadas parte de la discusión sobre la estrategia de mitigación para el cambio climático. ¿Por qué hoy aparece como una opción realista a nivel global y una gran oportunidad de transformación de la economía chilena? Algunos de los principales factores que explican esta visión son la reducción dramática de los costos de las energías renovables; la capacidad de almacenar en el hidrógeno la energía intermitente y el apoyo de políticas públicas en diversos países de la OCDE para promover el uso y producción de hidrógeno en transporte, industria y calefacción.

¿Qué se requiere para que Chile aproveche esta oportunidad extraordinaria?  La Agencia internacional de Energía (AIE) estima que el mercado de combustibles sintéticos producidos a partir de hidrógeno limpio alcanzaría el 50% del tamaño del mercado de combustibles fósiles hoy, al 2050. Esto permitiría exportar la enorme capacidad solar del Desierto de Atacama con un impacto significativo en el crecimiento de las  exportaciones y el PIB de Chile. Se trata de un cambio de las ventajas comparativas de carácter estructural, donde la inercia y limitada capacidad de innovación de los actores locales justifica un impulso del Estado.

Nuestro país tiene la posibilidad de transformar la minería e incluso agregar valor en la cadena de electromovilidad y energías renovables, produciendo materiales cero emisiones cuyo efecto es la reducción drástica de la traza de carbono directa con compensaciones en el desarrollo de proyectos de sumideros. Esto nos permitiría liderar en minería y productos elaborados a partir de nuestros recursos mineros y solares, por ejemplo, como el “Copper Foil” para la electromovilidad y el litio metálico para la nueva generación de baterías de estado sólido o los cátodos para baterías eléctricas, todos insumos claves de la industria de vehículos eléctricos que alcanzará una producción de al menos 40 millones al año el 2030.

La exportación de hidrógeno verde se abre también como una opción interesante. Hoy, el mercado mundial del hidrógeno solo y combinado es de 120 millones de toneladas. Solo el 3% es hidrógeno verde. Es posible desarrollar rápidamente un mercado de exportación, aprovechando la infraestructura de gaseoductos existentes en diversos países del mundo y combinando el gas natural con hidrógeno, sin mayores gastos de inversión. Un 10% de sustitución de gas natural en esas redes, requeriría una producción de alrededor de 30 millones de toneladas de hidrógeno verde, estimulando la reducción de costos y el escalamiento del tamaño de los electrolizadores. La creación del Instituto de Producción Limpia, con los recursos del contrato de Corfo con SQM, y los consorcios que están desarrollando tecnología fotovoltaica adaptada a las condiciones del Desierto de Atacama, así como los que desarrollan camiones de hidrógeno para la minería, generan una oportunidad de acelerar el proceso de innovación y adaptación tecnológico de la industria minera, de materiales y productos de valor agregado intensivas en energía limpias, e incluso la extensión a otras industrias como la alimentaria y pesquera.

El desarrollo de un “Joint Labs” en el futuro Instituto, para promover el pilotaje de tecnologías de producción de hidrógeno y de aplicaciones en múltiples ámbitos, es una gran oportunidad para tomar un liderazgo en hidrógeno solar y poder incluso transformarnos en exportadores globales de combustibles sintéticos. La aceleración de la transición energética está transformando a Chile en el principal proveedor de las materias primas clave para las tecnologías del futuro y nos abre una nueva oportunidad de tener un crecimiento exportador que incorpora conocimiento y tecnología a nuestros recursos naturales, aprovechando la singularidad del norte chileno. Contamos con la mejor radiación solar del mundo, así como con el principal distrito minero metálico y no metálico que almacena energía del planeta.