Diario Financiero, publicado el jueves 17 de octubre de 2019.


El índice de competitividad global WEF 2019 nos lama la atención, al igual que el índice del 2018, sobre tres brechas importantes que mantiene Chile con los países OCDE: la capacidad de innovación empresarial, la dinámica de los negocios y la infraestructura digital.

Sobre la innovación empresarial, es claro que los factores culturales y la carencia de capital social en las empresas, está afectando la dinámica de innovación del sector corporativo. Aun así, mejoramos en el escalamiento de negocios innovadores, lo cual coincide con el estudio de la Comisión Nacional de Productividad (2018) que indica que Chile tiene un buen desempeño en el desarrollo de empresas “gacelas innovadoras”. Las dificultades del sector corporativo para innovar en forma disruptiva -como impone la transformación digital de los negocios- no es  un problema exclusivo del sector corporativo  chileno. La dificultad es global.

Así lo refleja el artículo de Steve Blank en la última edición de Harvard Business Review,  donde señala que las empresas están conscientes de las transformaciones inminentes que se avecinan  y cómo,  en el corto plazo, cambiarán de manera simultánea la tecnología, los canales de distribución y comunicación, así como los competidores y consumidores. En definitiva, una revolución en la forma de hacer negocios. Ante este escenario, en las corporaciones se ha generado más bien un “teatro de la innovación” en vez de políticas de “innovación real”.

El problema es de fondo. Cunado las organizaciones crecen, ven aumentada  su complejidad y para lidiar con ello “crean procesos”, más bien rígidos que “burocratizan la toma de decisiones” lo que atenta contra la innovación. Según Blank, se enfrenta el desafío desarrollando actividades de innovación que configuran lo que denomina el “teatro de la innovación”. La tendencia reciente de vinculación de corporaciones con startups digitales puede cambiar el escenario.

Un enfoque que surge en los últimos diez años para desarrollar negocios en forma efectiva  es la metodología “lean startup”,  que favorece la experimentación, el diseño iterativo y la retroalimentación de los clientes, permitiendo que los datos desafíen las ideas preconcebidas. La revolución digital reduce dramáticamente el costo de experimentación, con lo cual esta metodología es viable a escala masiva.

Un reciente estudio del National Bureau of Economic Research (NBER)  permite, por primera vez, testear con datos empíricos la validez de las implicancias de esta metodología. Se trata de un panel de 35 mil startups globales que se evalúan en un periodo de ocho años. El informe señala que los startups que aplican esta metodología fracasan y escalan más rápido, evitando así comprometer significativos recursos en iniciativas sin destino. A su vez, mientras estos emprendimientos escalan, se enfocan en crecer rápido luego de  algunas iteraciones que validan su propuesta de valor. El estudio concluye que una estrategia basada en experimentación repetida genera mejor desempeño.  Esta metodología también es válida para el sector corporativo chileno, a través del intra-emprendimiento y la colaboración sistemática y con empresas gacelas y startups, no como un “teatro de innovación” que ayuda solo a mejorar transitoriamente la imagen, sino como parte de una estrategia de transformación dirigida desde el directorio de las corporaciones.