Eric Goles: «El que tiene recursos para pagar la universidad, debería pagar»

12/12/2014 Noticias

Uno de los proyectos educacionales del programa de Michelle Bachelet –la creación de universidades regionales en O’Higgins y Aysén– trajo de vuelta al debate público al Premio Nacional de Ciencias Exactas, Eric Goles, quien recuerda sus años de estudio con Nicolás Eyzaguirre y critica los ejes de la reforma que éste encabeza.

Una carta enviada semanas atrás por el abogado Patricio Aylwin Fuentealba –sobrino nieto del ex presidente del mismo nombre– al científico Eric Goles, marcó el retorno del Premio Nacional de Ciencias Exactas 1993, ex presidente de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) y otrora conductor del programa de televisión Enlaces, al debate público. Se trataba de una invitación a integrar el comité ejecutivo encargado de aterrizar una de las promesas de campaña de la presidenta Michelle Bachelet, en una de las áreas más críticas de su gestión: la educación.

En la misiva solicitaban al doctor en Ingeniería –quien tras dejar Conicyt, en 2006, llegó a la Universidad Adolfo Ibáñez– incorporarse a la creación de la futura universidad de Aysén, región donde no existen actualmente planteles de educación superior.

En otras palabras, le pidieron volver a la noticia. Goles, quien califica la creación de dos universidades estatales –en Aysén y O’Higgins– como un “hecho histórico” (es la tercera vez que el Estado cumple esta tarea), aceptó la misión. Viajó a la zona para una primera reunión del equipo –que también integra la Premio Nacional de Educación, Beatrice Ávalos, entre otros– y ya tiene una idea de cómo podría ser la primera institución de esa zona patagónica.

En su departamento de Las Condes y junto a cuadros de Eugenio Dittborn, con quien trabajó modelando matemáticamente la forma en que el pintor plegaba sus obras, aprovecha también de recordar sus años de estudios junto al ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, confiesa que siempre ha tenido un pensamiento que califica de “upeliento”, repasa sus años como director de Conicyt desde donde salió desilusionado, explica por qué decidió no votar en la última presidencial y dispara en contra de dos de los ejes de la reforma que éste encabeza: la gratuidad y el fin del copago.

Eyzaguirre en clases

Eric Goles recuerda que cuando –tras egresar del colegio San Luis de Antofagasta– entró a estudiar Ingeniería en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile, dividieron a los estudiantes en secciones de algo más de cien alumnos, agrupados por apellidos. Cuenta que le tocó la sección B, al igual que al hoy ministro de Educación.

“Eyzaguirre estaba junto con la G (de Goles), así que fuimos compañeros de curso. Lo ubicaba, pero no fui amigo suyo y en algún momento de ese año o del siguiente él se cambió a economía”, dice.

Era 1970 y Goles recuerda de Eyzaguire que tocaba la guitarra, pero no mucho más. Luego se reencontraron cuando él encabezaba Conicyt y su ex compañero estaba a cargo de la cartera de Hacienda.

“A Eyzaguirre le ha tocado una tarea extremadamente difícil. Cualquiera que hubiese sido el ministro o la ministra de Educación en este período, le estarían dando como bombo en fiesta igual. O muy parecido. Ahora, Nicolás ha cometido errores de comunicación”, dice.

-Usted menciona fallas de comunicación. ¿Pero está conforme con los contenidos de los cambios en educación que impulsa el Gobierno?
-La reforma es una tarea extremadamente difícil. Es muy difícil y yo creo que se ha hecho muy a prisa (…). Una prisa que lleva a cometer errores, a que la gente no entienda miles de cosas. Y esa prisa tiene que ver con que tengamos gobiernos de cuatro años. El primero te instalas y no tienes presupuesto, porque viene fijado por el gobierno anterior. Tienes esencialmente dos años para hacer lo grueso y ya el cuarto año estás pensando en qué va a pasar con el próximo gobierno.

-¿Esa falta de tiempo se deberá únicamente al breve período presidencial o puede estar asociada también a la cantidad de cambios que se busca impulsar en este lapso?
-A mí me gustan las ambiciones. Y no está mal tenerlas, pero tal vez es demasiado. En el ámbito de la educación, lo que deseo es que se comprenda bien, que funcione bien y que, dentro de lo posible, haya un sistema de calidad.

-La reforma no partió con los proyectos sobre calidad, sino sobre gratuidad, término de la selección y del copago. ¿Concuerda con los pilares planteados por el Gobierno?
-Yo estudié en un sistema público, entré a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y, salvo pagar una matrícula que era una miseria, estudié gratis. Y no se cayó Chile ni pasó nada.
Pero pienso que aquél que tiene recursos para pagar, debería pagar. Es bueno que lo haga. Si yo entré a Beaucheff y no tenía plata, que me paguen todo porque tenía talento, encuentro que es justo y el país gana. Pero si tengo el dinero, porque lo tengo yo o lo tiene mi familia, creo que más allá de los impuestos, a mí no me convence que sean sólo los impuestos, debería pagar.

-Usted plantea esto después de, como usted dice, haber estudiado gratis.
-Yo no soy millonario ni mucho menos, pero tengo una situación correcta y mis hijos está bien que hayan pagado. Mi hijo estudió en la Universidad Federico Santa María y pagó. Está bien, porque yo tenía los recursos. Es mi opinión. Y lo he dicho a colegas y me cortan el cuello, en fin, pero es así. Ahora, si no tengo los recursos, beca total. No un prestamito.

-¿Rechaza entonces de forma absoluta la gratuidad en la educación?
-Yo soy un matemático. A veces la gente dice que los matemáticos son blanco o negro, pero a mí me gustan los niveles de gris, también. Y a mí no me parecería, en ese contexto, raro que algunos institutos o facultades o universidades, o carreras específicas, tengan gratuidad y en otros casos no.

Copago jesuita

-Otro de los ejes del proyecto presentado por el Ejecutivo es el fin del copago en los colegios subvencionados…
-Eso ocurre en Chile desde que yo estudié. A mí no me parece así de mal. No demonizo las cosas. Yo parto primero de la educación pública, de los liceos públicos de calidad. Cosa extremadamente poco uniforme al día de hoy y eso hay que corregirlo. Después, en colegios como los jesuitas, que a mí me parece han hecho un enorme aporte al país, si los apoderados tienen la capacidad de hacer copago, que lo hagan.

-¿Pero qué pasa con el copago en los planteles subvencionados que sí lucran y obtienen resultados de calidad?
-A mí se me hace muy cuesta arriba pensar en un liceo, más allá de su calidad, que lucra. Prefiero pensar en un conjunto de ciudadanos que se reúne, crea un colegio con alguna visión ideológica respetada por todo el país y cobra caro a la gente que tiene plata, y tiene becados, pero no afán de lucro.

-¿Pero eso no es demonizar el lucro?
-Pienso que si lucras, tienes una segunda intención, que es lucrar, y la educación no es un servicio que se presta. Es demasiado arriesgado. Si yo compro un refrigerador que me sale malo, reclamo, y ya es difícil recuperar la plata, porque las leyes que nos protegen son malas. Si tengo a mi hijo en un colegio que lucra y le va re bien, pero entonces el sostenedor lucra demasiado y sacrifica en algún momento la calidad, cuando yo me dé cuenta, puede ser demasiado tarde. Ahora, todo esto es la infraestructura gruesa, pero en algún momento, y muy luego, deberíamos hablar de la calidad.

-Dada la rapidez impuesta a la reforma que usted plantea, ¿ve en el escenario actual espacio para que se escuchen otras opiniones?
-La cosa tiene harta inercia, pero todo es perfectible. Y creo que todos estamos poniendo el hombro con las opiniones, incluso erradas, porque nos interesa que lo que se haga sea de largo aliento, sean políticas de Estado pensando en que vienen otros gobiernos y que va a haber otra gente. Si, finalmente, lo que estamos haciendo no es para nosotros, es para nuestros nietos. Esa mirada hay que incorporarla para que lo que se haga, aunque sea menos de lo que se pide, se haga bien.

Laguismo

-Usted participó en la campaña presidencial de Ricardo Lagos y luego encabezó Conicyt. ¿Se siente hoy cercano a las ideas de la Nueva Mayoría?
-Desde mis tiempos universitarios yo era, hoy es una palabra que ya no se ocupa, un upeliento. No militaba en ninguna parte, pero era un joven chileno más, éramos muchos en ingeniería, simpatizante de la Unidad Popular.
Posteriormente, dentro del mundo académico, yo volví a Chile más o menos definitivamente el 82, después de haber estudiado en Francia. Me instalé en Beaucheff, en la Escuela de Ingeniería, y participé mucho en las protestas para sacar a rectores delegados, contra Augusto Pinochet, todo dentro del ámbito de lo que uno podía hacer. Siempre he tenido un pensamiento derivado de lo upeliento que era: progresista y tener esa mirada de mundo que, en el fondo, siendo mucho más viejo, pienso que sigo teniendo.

-Pero el programa de la Nueva Mayoría hace un diagnóstico y plantea propuestas diferentes de las suyas…
-A mí nadie me va a decir que soy de derecha ni mucho menos. Lo que sucede es que las cosas evolucionan en el tiempo. Si tú ves a la Concertación de hoy, no soy el primero en tener este tipo de matices. Pienso que hay mucha gente en la Concertación que yo conocí, que tiene matices respecto a esto y muchos temas.

-¿Está hablando de la DC?
-No sólo de la Democracia Cristiana, yo creo que va más allá de eso. He sido siempre bien libertario y no me arrepiento, tengo una simpatía por ese mundo. Jamás he votado por la derecha ni mucho menos.

-¿Votó por Bachelet para estas elecciones?
-No voté. Mi elección fue no votar. Fue una elección, no fue flojera. Si el país me da la libertad de elegir ir a votar, yo, bajo ciertos postulados, puedo decidir no hacerlo. Creo que eso es válido.

-¿Sigue siendo laguista?
-Yo fui convocado por Ricardo Lagos. Nos acercamos para su precampaña, para las primarias. Allí empecé a, entre comillas, enganchar con él. Es una de las escasas personas que he conocido a nivel político que, más allá de que se esté de acuerdo con él, tiene una mirada país de largo plazo.
Y cuando ingresé a Conicyt, no entré al puesto como una plataforma para escalar y ser después senador o diputado o alcalde de Huechuraba o rector de la Universidad de Chile. Invertí esencialmente seis años de mi vida, porque era un gobierno de seis años, a concho. Más allá de los errores, en Conicyt traté de hacerlo, no bien, muy bien. Peleé. Después dije: ya no doy más. Me salí del cuento y después cambió mucho. Desmantelaron un poco Conicyt.

-¿Se refiere al primer gobierno de Bachelet?
-En el gobierno que vino después, el primero de Bachelet, desmantelaron Conicyt, lo digo con todas sus palabras: un Conicyt que ni siquiera había hecho yo, porque estaba desde antes. Me dio pena en ese momento y me empecé a salir, además me enfermé. Me dio un infarto y me dediqué a lo mejor que sé hacer: formar jóvenes chilenos, ponerlos en el mundo. Hacer ciencia.

-¿Eso lo alejó de Bachelet?
-Nunca estuve cerca de Bachelet.

Universidad en Aysén

-Usted define como histórica la posibilidad de crear desde cero una universidad estatal. ¿Cómo la imagina, qué debiera caracterizar a un plantel ideado de esta forma?

-Hay que partir con algo pequeño, pero no cerrado (…). Tú miras esa región y es una reserva de la naturaleza. Entonces, tal vez, esta universidad, concebida de un modo especial, tiene que justamente ser la antena que haga comprender al mundo que allí hay: una reserva natural digna para el paso de científicos (…). Es una región prístina en cuanto a la calidad de sus aguas, de su clima, algo que el mundo cada vez va a valorizar más y no sólo en términos económicos, sino que absolutos. Eso tiene que estar reflejado.

-En concreto, ¿debiera apuntar a carreras vinculadas al medioambiente?
-Medio ambiente, sustentabilidad, glaciología, agua. Pero tampoco lo pienso de manera exclusiva como para decir: desarrollemos “la ventaja comparativa” de la región; tiene que tener un grado de locura más grande. Y ver cómo atraer talento que se quede en la región.

-¿Qué obstáculos visualiza actualmente para hacer viable esta universidad?
-El encastrado para montar esto va de la mano con cuál es la oferta, por pequeña que sea, cultural de la ciudad, educacional, de salud y de conectividad. No puedo ignorar ese contexto. Porque, por ejemplo, ¿cómo convenzo a una persona de treinta y tantos años o a un doctorado en el MIT de ir a vivir allá? No se va a ir por plata. Se va porque un grupo la convenció de un sueño. Pero va a preguntar: ¿hay buenos colegios? Y si me enfermo, ¿qué salud tengo? Y allí tenemos un problema.
Un segundo problema son los jóvenes que egresan, porque los de Aysén, la mayoría quiere venir al norte. Y tú no puedes coartar eso, por lo cual hay que hacer universidades novedosas. Además, yo quiero que jóvenes chilenos que están en otras partes se vayan a vivir allá. No es trivial.

-Más allá de estos obstáculos, ¿cuál es, a su juicio, el requisito indispensable para echar a andar esta universidad?
-A partir del documento presentado por la región y donde participamos en esta comisión, la presidenta hará un acto de creación importantísimo: nombrará al primer rector y eso es crucial. Porque si ese rector o rectora no tiene la estatura, no tiene el vuelo intelectual, no tiene la mirada de mundo suficiente, la cosa parte mal. Puede haber alguien oculto que tenga el interés de desarrollar  un plan realmente ambicioso que motive a la región, que le sirva. Pero si vamos a colocar a un funcionario más o a un político que va a tomar los promedios, la verdad es que no me convence mucho.

-¿Le gustaría ser nombrado rector de la universidad de Aysén?
-No, en absoluto.

«Hoy hay una posibilidad en Conicyt muy buena»

-Estudiantes con becas de postgrados en el extranjero piden flexibilizar las condiciones de retorno, argumentando dificultades de reinserción y alejamiento de centros de investigación de alto nivel. ¿Cuál es su posición sobre este debate?

-Flexibilicemos el retorno. Está bien que tratemos que vuelvan, pero más allá de ser coercitivo, yo trataría de crear un sistema de complicidades y redes. Y esto no se puede lograr cuando el único modo de enviar becados al extranjero es unipersonal. En mi época había un plan de una universidad, de una embajada y un país. El plan Chile-California que creó toda la geofísica chilena. Eso hoy no se puede.

-Usted se ha referido a los cambios en Conicyt tras su salida. ¿Qué opina de este organismo hoy?
-Hoy hay una posibilidad en Conicyt muy buena, porque la persona que pusieron a cargo, Francisco Brieva, que fue decano de la Facultad de Ciencias

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