Corren tiempos convulsionados para la ciencia en Chile. Tras la renuncia de Francisco Brieva a CONICYT, vinieron marchas, críticas y muestras, a través de cartas en medios de comunicación e incluso en las redes sociales, que dejaron en evidencia el malestar de científicos y académicos por la improvisación con la que se han llevado a cabo las políticas públicas en el área de las ciencias y las tecnologías.

Incluso en algunos medios se habla de la “furia científica”.

En esta entrevista, el profesor del Centro de Innovación en Bioingeniería de la Facultad de Ingeniería y Ciencias, Bernardo González, Doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad Católica y ex Presidente del Consejo Superior de Ciencia de FONDECYT, habla sobre los desaciertos en materia de financiamiento, gestión, organización y el abandono por parte de las autoridades del área de la ciencia y la tecnología, y sus negativas consecuencias para el país.  Aún así mantiene el optimismo y augura esperanzas para la ciencia en Chile en los próximos años.

¿Cree que esta situación en la que se encuentra la ciencia se podría haber evitado y que esto va más allá de las políticas y decisiones de un gobierno?

BG: Una buena parte de esto se podría haber evitado si el gobierno de turno, en este caso el segundo de Michelle Bachelet, se hubiese -por unos pocos minutos- sentado a pensar en que está hoy la ciencia y la tecnología en Chile  y hubiera tomado las medidas que corresponden.

Hace un par de años la ciencia y tecnología estaban mejor que nunca, con niveles cercanos o superiores al 50% de aprobación en los concursos de apoyo a la ciencia y la tecnología, acceso a distintas fuentes de financiamiento: CONICYT en el Ministerio de Educación, CORFO e Iniciativa Científica Milenio en el Ministerio de Economía, además de  programas  sectoriales administrados por los ministerios de Agronomía y Salud, entre otros; y un programa muy potente de becas de magister, doctorado y postdoctorado.

La situación se podría haber evitado, pero ¿qué pasó? Al país no le siguió yendo tan bien en términos económicos. Además, hay una serie de decisiones mal tomadas e improvisadas en las que -sin duda- los dos gobiernos de Michelle Bachelet han marcado la diferencia con claridad. No es casualidad que las únicas manifestaciones masivas de molestia, enojo, frustración de los científicos han ocurrido en los referidos gobiernos.

Ante el complejo escenario que enfrenta la ciencia en Chile, ¿Cuáles son las consecuencias para el país y qué soluciones se podrían plantear a corto y mediano plazo para revertirlas?

BG: Cínicamente, y pensando en que no existiese ciencia y tecnología en Chile, o que estas áreas no se desarrollarán como corresponde, esto no le provocaría al país ningún colapso mayor. En este sentido, las peores consecuencias de no corregir los errores que se están cometiendo son que el país no será mejor, sus ciudadanos no tendrán un mejor nivel de vida, seremos más dependientes de países desarrollados, más frágiles frente a los nuevos desafíos, y ni siquiera podremos soñar con ser líderes dentro de la OCDE.

Creo que en el escenario en el que estamos actualmente, nuestro país debería, en un acto de sinceridad, retirarse de la OCDE ya que no calificamos ni en ciencia ni en tecnología. De eso no hay ninguna duda.

¿Cree que la comunidad científica ha estado poco organizada y tiene poca llegada política para hacer frente a estos problemas. ¿Hay una autocrítica del sector? ¿Cómo se puede pasar del malestar a la acción en este caso?

BG: Más que poco organizada -están las Academias, las Sociedades, los Colegios-, está desarticulada. No hay un ente efectivamente aglutinante que nos represente como una sola voz. La llegada política, si es que existe alguna, es circunstancial y mediada por algunas pocas iniciativas más bien personales.  Me imagino que todos nosotros, en alguna medida, estamos conscientes de estas falencias, pero no veo instancias que generen mecanismos para que la mirada autocrítica de nuestro quehacer se traduzca en acciones concretas y significativas. Lo de las protestas y la presencia en los medios de comunicación masiva es bien inorgánico y no permanente. Un camino, tal vez, sería que las organizaciones vinculadas a la ciencia y tecnología trabajen coordinadamente.

¿Qué tan necesaria y efectiva es la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología?  ¿Traería más burocracia o sería una solución a la situación que hoy enfrentan la Ciencia y la Tecnología  en nuestro país?

BG: La creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología  tiene aspectos positivos y negativos. Entre los primeros, está darle rango y visibilidad política a esta actividad tan importante para nuestro país.  En cuanto a los aspectos negativos,  es que una parte sustantiva del apoyo a la ciencia y la tecnología quedaría concentrado en una sola instancia y eso no es necesariamente bueno. Un ministro de Ciencia y Tecnología, con poca habilidad política y de gestión podría provocar un descalabro mayor.  De alguna forma y en una escala menor esto es lo que sucede hoy en CONICYT, donde una mala administración compromete el desarrollo de todas las áreas del conocimiento, el programa de becas y un buen número de programas de apoyo tanto a la investigación básica como aplicada.

Cuando mejor ha estado la ciencia y tecnología en Chile ha sido resultado de una variedad de posibilidades de financiamiento y apoyo. Por eso, el traspaso de la Iniciativa Científica Milenio, no solo me parece innecesario, sino francamente perjudicial.  Para lograr ese razonable nivel de desarrollo, no fue necesario un ministerio.

¿Cuáles son hoy las principales puntos críticos de CONICYT?

Además de la acefalía y escasa presencia de su dirección, el mayor problema es la falta de recursos en los programas concursables. Esto se ha visto agudizado por una mayor demanda producto de la llegada de las primeras generaciones de beneficiados por el Programa de Becas Chile. Un ejemplo: en el último concurso FONDEF se aprobó menos del 10% de los proyectos presentados.  Sin embargo, hubo un número récord de postulaciones y un presupuesto prácticamente de continuidad.  Resultado: más de 500 proyectos no fueron aprobados.

¿Habrán sido todos esos proyectos insuficientemente buenos como para no obtener financiamiento?  Claramente no.  Visto de otra forma: el país está perdiendo  oportunidades si permite la postulación de un número muy grande de proyectos, con todos los costos que implica su preparación y formulación, si después  sólo podrá financiar una fracción bajísima de éstos.

¿Hay esperanza para la ciencia en Chile en los próximos años?

BG: Siempre hay esperanzas.  En el corto plazo veo difícil que este gobierno introduzca modificaciones importantes ya que tiene problemas mayores en otras áreas producto de esta compulsión reformista. Daría al menos una pequeña esperanza, una señal, si se nombra con celeridad a un presidente (a) de CONICYT con peso académico, y que al asumir el cargo se lo (la) empodere significativamente.

En el mediano plazo, yo apuesto a que un siguiente gobierno tenga las ideas más claras, una agenda más ordenada y un genuino convencimiento de que apoyar a la ciencia y la tecnología no es solo relevante para el país, sino indispensable.