Stuart Kauffman, uno de los pioneros de la ciencia de la complejidad, quiere ir más allá de Darwin y abarcar la forma creativa e impredecible en que se desarrolla la biósfera. “Hay muchas formas de ser un buen científico y esta es la que se me permitió: haciendo preguntas que no se han planteado nunca”, dice durante su paso por Chile, donde llegó invitado por el Doctorado en Ingeniería de Sistemas Complejos de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI, dirigido por Eric Goles, Premio Nacional de Ciencias Exactas. 

“Es una mente universal”, resume el matemático chileno Eric Goles en cuanto al médico y biólogo con entrenamiento en filosofía, física y otros campos. En esta entrevista a la revista Qué Pasa, cuenta, entre otras cosas, por qué la teoría de la evolución de Darwin sólo explica una mitad de nuestra historia, y cómo podría existir una mente cósmica. Kauffman es creador de los primeros modelos de redes de regulación génica y uno de los pioneros en la ciencia de la complejidad

Hoy, su afán no es más pequeño: el científico propone una revolución de la ciencia a partir de un nuevo paradigma. Kauffman salta de Newton a Descartes y Spinoza, Darwin, Einstein, Heisenberg, Maxwell, Boltzmann. ¿Sabes todos los usos que tiene un desatornillador? ¿Sabes por qué bombea tu corazón? ¿Sabes que puedes parar esta entrevista y cambiar el futuro en cualquier momento?”, pregunta desde sus joviales 76 años.

—Mucha gente en el mundo todavía está tratando de comprender la teoría de Darwin, y varios todavía ni siquiera la aceptan, por motivos religiosos. Usted propone algo distinto. Si entiendo bien, usted plantea que la biósfera no sólo evoluciona, sino que se crea a sí misma en formas impensadas e inesperadas.    

—Una de las cosas que yo creo es que, una vez que la vida existe, la evolución en la biósfera —y en nuestra vida cultural— es profundamente creativa y se desarrolla en formas que, en general, no podemos adelantar. ¿Recuerdas a Descartes? Con él hay un algo que piensa, res cogitans, y una res extensa, el mundo físico. Llega Newton y nos hace comprender la mecánica y la física, nos da leyes: la mente desaparece. Darwin piensa que puede ser el Newton de la biología. Y yo estoy tratando de probar que eso es imposible. Darwin es el científico más grande del siglo XX, nos dio una idea de historia y nos permitió entender un diseño inteligente sin diseñador (Dios), pero yo quiero ir más allá de él.

—Podemos decir que usted busca lo que la teoría de la evolución no logra explicar…
—Vamos por parte. Si te pregunto cuál es la función de tu corazón, ¿qué dirías?

—Diría que su función es mantenerme con vida.
—La función es mantenerte viva, tienes razón. La función de tu corazón es bombear sangre para mantenerte viva. Si le preguntas a Darwin por qué tú tienes un corazón, él diría que porque para tus ancestros era muy ventajoso tener un sistema de bombeo de sangre. Darwin nos explica por qué existe tu corazón en un universo sin Dios y sobre el nivel de los átomos (porque todo está hecho de átomos, pero no todos los átomos hacen corazones). Pero tu corazón también hace sonidos, late. Latir no es una función de tu corazón. Si nos vamos a Kant y a una idea pensada aquí en Santiago, por Maturana y Varela, también sabemos que tu corazón existe porque tú existes y viceversa. De esa forma, podemos definir función como aquello por lo que existes: tu corazón está aquí para mantenerte viva. Tenías razón.

— ¿Y dónde pasamos a Darwin?
—Sigamos: Darwin dice “el latido del corazón, que es consecuencia no funcional del corazón, podría ser útil en un ambiente diferente y podría ser seleccionado para generar una nueva función”. Quiere decir que quizás el latido de tu corazón alivia al recién nacido, o que en un futuro podría servir para predecir terremotos, eso podría pasar en Chile y en todo el anillo del Pacífico. Pero el corazón no surgió, “no existe para” aliviar al recién nacido o predecir terremotos.

—Es lo mismo que usted ha explicado con la vejiga natatoria de los peces.
—Claro. Algunos peces tienen un saco, la vejiga natatoria, que está llena de aire y agua. La relación de agua y aire ajusta la flotación neutral de un pez en el agua, o sea cuánto puede flotar el pez sin hacer ningún esfuerzo. Los paleontólogos creen que la vejiga natatoria evolucionó a partir de los pulmones de peces de tierra. Si los paleontólogos están en lo correcto, cuando esos peces volvieron al mar, el pulmón evolucionó en la vejiga natatoria. Entonces yo tengo algunas preguntas: ¿se creó, en ese momento, una nueva función en la biósfera? Sí, la flotación neutral de los peces. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.
—Segundo, ¿cambió eso la evolución de la biósfera? Sí. En un sentido simple y luego en uno más profundo. Porque una vez que tienes peces con vejigas natatorias, tienes algo nuevo. Pero dentro de esa vejiga natatoria podría evolucionar una nueva especie de gusano. Yo digo entonces que esa vejiga ha creado un “nicho posible adyacente”, porque hay un gusano nuevo que llegó a vivir allí. La selección natural explica la vejiga natatoria, que es, de alguna forma, predecible, pero… ¿y el gusano? No podemos decir que la selección natural actuó en el gusano.

—El gusano no es resultado de la evolución, es más bien como un subproducto de ella.
— ¡Claro! El gusano no se creó por selección natural. Eso significa que la biósfera es creativa, crea oportunidades y las crea más allá de la selección natural. Y allí ya estamos más allá de Darwin. ¿No es sorprendente?

—Pero si la biósfera no se crea sólo por selección natural, y está dejando a Dios fuera de todo esto, entonces estamos en un universo impredecible.
—Sí, y creo que nadie pensó esto antes que yo. Hay muchas formas de ser un buen científico y esta es la que se me permitió: haciendo preguntas que no se han planteado nunca.

—Volviendo a la vejiga del pez, ¿diría que nosotros somos el gusano, consecuencia inesperada, creativa de la evolución? ¿O somos una evolución más bien predecible?
—No creo que seamos los gusanos en la vejiga (ríe). Pero creo que todos somos parte del mundo que creamos mutuamente. Quiero explicarte el argumento del desatornillador, porque quiero decirte algo importante: que no hay ley para el desarrollo de la biósfera. Si echamos a rodar una bola sobre la mesa y le preguntamos a Newton qué va a pasar, Newton nos dirá que no seamos estúpidos, que calculemos fuerza, posición inicial, momento, condiciones y límites de la mesa, que integremos la ecuación y sabremos qué va a pasar. Newton nos da un mundo que se puede deducir: donde un Dios actúa y luego dice: “Aquí está el universo, el resto depende de ti”.

— ¿Y el desatornillador?
—La función o el uso de tu corazón para mantenerte viva es bombear sangre. Ahora, dime, ¿cuál es el uso de un desatornillador?

—Desatornillar, abrir cosas, desarmar cosas, fijar una puerta, abrir un tarro de pintura…
— ¿Puedes hacer una lista de los usos del desatornillador?

—No, son muchos y cambiantes.
—La cantidad de usos del desatornillador es “indefinida”. No puedes hacer una lista de todos sus usos. No puedes decir que son doscientos mil o más.

—Ok.
—Los usos de un desatornillador son distintos y no tienen una relación de orden entre ellos. No hay un algoritmo de los usos posibles del desatornillador ni podemos adelantar su uso siguiente. Vamos ahora a la evolución biológica. Para todo lo que pasa en la evolución, algún “desatornillador” molecular encuentra un uso que se selecciona y aparece en la biósfera. Como la vejiga natatoria. Pero los nuevos usos de esa vejiga, o del corazón, no se pueden predecir. No podemos predecir la evolución de la biósfera. No hay axioma para la biósfera.

En una primera conclusión, muy superficial, no sabemos qué va a pasar en la biósfera y ni siquiera podemos imaginarlo, una especie de caos. ¿Por qué tenemos, en cambio, la sensación de que la vida avanza siguiendo una especie de orden? No es un caos, es algo mucho más rico que el caos. El caos está muy bien definido, conoces sus condiciones iniciales. Piensa como bióloga: tenemos los rangos taxonómicos superiores, especies, géneros, familias, orden, clases, corte (o división) y reinos. La vida no ha inventado un nuevo filo hace billones de años. El devenir de la vida no es increíblemente azaroso.

—Pero usted cree que podría serlo…
—Podría decir que es azaroso considerando un espacio de posibilidades, pero recuerda, como en el desatornillador, ni siquiera sabemos cuáles son las posibilidades. No sabes lo que va a pasar, tampoco lo que no va a pasar.

—Pero este universo, sin condiciones iniciales conocidas, sin límites, de todas maneras encuentra algo parecido a un orden, mirándolo en retrospectiva…
—Esa es una pregunta demasiado grande. Dado que la vejiga natatoria llegó a existir, algo se hizo posible, pero no cualquier cosa. Un gusano puede vivir allí, pero presumo que un elefante no. Pero como dijiste, tras los hechos, podemos reconstruir lo que pasó, es lo que hacen los paleontólogos, los historiadores. Tienes razón, podemos darle sentido a nuestra historia. Piensa en la evolución tecnológica, que muestra el mismo patrón: antes de la invención de la máquina de Turing, la world wide web no era predecible. Pero dada la máquina, tienes la computación personal, los archivos compartidos, internet, y puedes decir que todo tiene sentido.

—Sobre Dios, usted ha planteado la necesidad de reinventar lo sagrado, de encontrar un espacio de valores compartidos, para creyentes y no creyentes.
—Vamos a Dios: ¿crees que en este momento podrías elegir entre seguir entrevistándome o irte?

—Podría.
—Eso significa que en un minuto más, tú podrías o salir por la puerta o quedarte sentada acá. Significa que el presente, en un minuto más, puede ser diferente. Y como sólo puedes hacer una de esas dos cosas, o te quedas o te vas, sólo una de las opciones es cierta. El libre albedrío demanda que puedas elegir. Eso no pasa en la física clásica, donde no hay opciones: sólo pasa lo que pasa. Pero es distinto en la mecánica cuántica. Werner Heisenberg tenía 24 años cuando se dio cuenta de que no podía medir la posición de una partícula sin cambiar su momentum. Lo que él mida, cambia el mundo. Así como tú puedes grabar esta entrevista y escribirla o no. Ahora viene la conciencia. Saltemos. Spinoza inventa “la cosa única” que incluye dos aspectos, el físico y el mental, que Dios mantiene, gentilmente, en armonía. Spinoza cree que la mente es parte del universo. Y yo adopto esa mirada. Quizás la mente es un aspecto del universo.

— ¿Y la conciencia?
—Supón que el cerebro clásico es consciente, tiene una conciencia que es testigo del mundo y que dice: “gran mundo”. Pero no puede hacer nada, no puede cambiar el mundo en términos de la física clásica. Pero en la física cuántica, la mente determina lo que mide y cambia el mundo, y lo podría hacer causalmente. Me gusta esa idea. Nos lleva a una mente cósmica. Quizás el libre albedrío y la conciencia son parte del universo, y en ese caso, la creación del universo no tiene nada que ver con lo que pensamos; quizás, de alguna forma, la mente y la conciencia tienen que ver con el proceso. Y nosotros que la excluimos de todo cuando Newton le ganó a Descartes. Quizás no estamos tan lejos de creer en una mente allá afuera, una que no es sobrenatural, sino que es parte del universo.

—Mencionó a Dios hace un rato, pensé que no creía en Dios.
—Ya no estoy tan seguro (se ríe). Creo que puede existir una mente cósmica y creo que pueden existir mentes sin cuerpos. No creo en ellas, pero creo que son posibles.

*Fuente: Revista Qué Pasa – 11 diciembre.